Al mirar hacia fuera
mil caminos verás,
sendas bien demarcadas
trilladas por los demás.
Autopistas de concreto
prolijamente delineadas
donde las masas transitan
cuidadosamente guiadas.
Así son los caminos
que la sociedad ha de ofrecerte,
tan viejos y conocidos
que jamás podrás perderte,
tan sólidos y seguros
que no albergan sorpresas,
tan claros y predecibles
que solo hallarás certezas.
Incluso antes de comenzar
a transitar estos senderos,
sabes que tras la meta
te aplaudirá el mundo entero,
y aún antes del primer paso
siquiera haber dado,
sabrás en lo que al llegar
te habrás transformado.
Pero existe otro camino
que no ofrece garantías,
uno que vas creando
mas conforme caminas,
debido a que nunca nadie
lo anduvo con anterioridad,
ese es tu camino,
el de tu individualidad.
En él no hay líneas rectas,
es sinuoso y desafiante,
constituido de tierra
y puentes colgantes.
Por eso marchas alerta
durante su peregrinaje,
rodeado por sus escenarios
de flora y fauna salvaje.
Aunque tal vez lo más incierto
de este rumbo tan osado,
es que lo andas ignorando
cuál será el resultado,
sin saber a ciencia cierta
que hay detrás de cada curva,
domando al controlador
que en tu interior se perturba.
Como si todas estas contras
pudieran parecerte poco,
la gente a tu alrededor
te dirá que estás loco,
y aquellos que te aman
intentarán cuidarte,
advirtiéndote que en tu camino
seguro habrás de extraviarte,
e intentando protegerte
de sus horrendas amenazas
te alentarán a cambiarte
a la autopista de las masas.
Pero estás determinado
a escuchar tu corazón,
muchas vidas has pasado
por la misma situación,
de transitar estas rutas
saturadas e inertes,
sabiendo que conducen
tu pasión hacia la muerte,
sabiendo que ellas matan
tu propia singularidad,
produciendo un ser en serie
de una misma identidad,
tan dócil y obediente
tan dispuesto a ser mandado,
que transita ciegamente
por su senda cual ganado,
olvidando que aún hoy
es un león verdadero
tapado por una ridícula
y fina capa de cordero.
Por eso a tu león,
va dirigido este mensaje,
ese que está cansado
de este mecánico viaje,
ese, cuyas patas
lamentan la miseria
de pisar el pavimento
anhelando pisar la tierra.
Ese, que está encerrado
rugiendo en tu interior,
ese, desbordante
de osadía y valor,
nacido para descubrir
su verdadero camino,
nacido para cumplir
con su propio destino.
Devora tu cordero
con los dientes del león,
devora tu mente cierva
con la fe del corazón,
y siempre mira hacia adentro
para encontrar tu sendero,
pues en la vida hay millones,
mas solo uno verdadero.
NAGARI, Versos para el Camino
Seguramente tras leer este verso sientas ganas de rugir con todas tus fuerzas y salir a comerte el mundo, pero déjame recordarte una cosa: el camino del león, no es un camino hacia fuera, es un camino hacia tu propio interior. Que fácil resulta adoptar la postura del rebelde empedernido que sale a pelear contra el mundo siguiendo la trillada huella de tantos otros rebeldes, sin saber que en realidad está evitando el verdadero viaje, la verdadera prueba de fuego.
No existe rebeldía más grande que la de viajar hacia tu propia oscuridad, hacia tu propia ignorancia, no existe osadía mayor que la de hacerte tus propias preguntas y que la de hallar tus propias respuestas. No existe mayor valor que el necesario para buscar dentro de ti el camino y enfrentarte a la incertidumbre más absoluta a la que pueda enfrentarse un ser humano. Pues, es al emprender el viaje hacia tu propio interior que encontrarás los senderos de piedra, de tierra, los puentes colgantes y los escenarios de flora y fauna salvaje, pues salvaje e indómito es tu ser.
Una vez lo encuentras, una vez te encuentras, una vez identificas y oyes tu propia voz, ésta comienza a guiarte y a indicarte la dirección de un nuevo viaje, entonces de pronto el camino interior se transforma en un camino hacia el mundo externo.
Dentro de tu pecho hallas al león y ahora viajas montado en él, develando paso a paso tu misterio, tu aventura, tu camino.