En la inmensidad del mar

En la inmensidad del mar
una gota nació,
apenas abrió los ojos
al ver se sorprendió.

Quedó paralizada
por la magnitud de lo que veía,
por la inmensa vastedad
que todo lo envolvía.

Ante aquello imponente
se sintió insignificante,
ser una gota en el mar
le pareció escalofriante.

Vulnerable y a la deriva
el misterioso mar la manejaba
y ella ¡tan diminuta!
que por él era arrastrada.

Mas, movida por el temor,
una búsqueda emprendería:
la de intentar crecer
para ser alguien en la vida.

Tras mucho buscar
un día encontró
una escuela de gotas
a la que se integró.

Allí le enseñarían
todo lo que debía saber,
para ser una gota más grande
y así poder trascender.

Allí podría aprender
todo sobre el inmenso mar
para sentirse más segura
y poderlo dominar.

El tiempo pasaba,
la gota se amaestraba,
acumulando información
sus conocimientos aumentaba.

Tras unos cuantos años
de ardua preparación,
de la escuela logró egresar:
¡ya podría cumplir su misión!

La misión de crecer,
dejando de ser diminuta,
pasar de ser ingenua
a ser una gota astuta.

Por eso el mar ya no sería
para ella un sitio inseguro:
ahora era alguien
que ¡por fin! tenía un futuro.

Así es que una a una
sus metas fue cumpliendo,
utilizando sus recursos
día a día iba creciendo.

Todas las gotas la miraban,
sentían por ella admiración,
ahora era respetada
por sus logros y convicción.

Y aunque estaba orgullosa
de todo lo logrado,
algo en su interior ocurría
que no era de su agrado.

Cuando el ajetreo cesaba
y la quietud aparecía,
sentía una angustia
que la envolvía.

Estando a solas
con el inmenso mar,
sin nadie alrededor,
surgía un malestar.

Volvía esa sensación
de ser insignificante,
de sentirse amenazada
por el silencioso mar gigante.

Y aparecían preguntas
que no podía contener,
incertidumbres profundas
que hacían eco en su ser:

“¿De qué se trata la vida?,
¿tiene algo sentido?,
si todo lo he logrado,
¿por qué siento este vacío?”.

El tiempo siguió pasando,
el malestar se agudizaba,
desconcertada siguió la gota
sin comprender qué le pasaba.

Ya nada la satisfacía,
sus logros no tenían sabor,
y aunque el mundo la aplaudiera
en la soledad le acechaba el dolor.

Estaba sin esperanzas,
salidas no podía ver,
hasta que la vida le dio un regalo
que la hizo enmudecer.

Caminaba por la calle
y sin querer tropezó
con otra gota que pasaba
a la que apenas vio.

Entonces se disculpó:
-Perdón, iba distraída,
-y la otra gota le respondió-.
-Así has vivido tu vida.

-¿Qué acaba de decir?
-preguntó la gota de inmediato-.
-Lo que acabas de escuchar,
estás distraída desde hace rato.

-¡Usted!, una gota transparente,
pequeña e insignificante,
¿va a hablarme de la vida a mí,
que soy una gota importante?

-Todas las gotas importantes
padecen el mismo malestar,
por haber crecido tanto
se separaron del mar.

Al escuchar esta frase
la gran gota se congeló,
mientras con voz clara y potente
la pequeña continuó:

-De allí proviene el miedo,
el sentimiento de vacío,
al sentirse ajenas a él
lo convierten en enemigo.

Deja de luchar contra el mar,
verás que eres parte de él,
comienza a mirar tu interior
así lo podrás conocer.

Puedes leer todo sobre el mar,
dedicar tu vida a recorrerlo,
solo sabiendo de qué estas hecha
podrás en esencia conocerlo.

La gran gota quedó muda
nada pudo responder,
lo que aquella gotita dijo
quedó resonando en su ser.

A pesar de la apariencia
de esa gota transparente,
emanaba una confianza
que era realmente imponente.

-¿Soy parte del mar?
-la gran gota preguntó-.
-Lo eres, pero no lo sabes,
-la pequeña respondió-.

Para saberlo debes sentirlo,
no basta con escucharlo,
por mucho que lo repitas
seguirás sin experimentarlo.

Un día desaparecerá la gota
y solo quedará el mar,
entonces te olvidarás de crecer
y no habrá más pesar.

Ese día una gran confianza
en ti comenzará a emerger,
cuando sientas que el mismo mar
está presente en tu ser.

Ese día te darás cuenta
que nunca hubo separación,
que el adentro y el afuera
eran solo una ilusión.

Ese día comprenderás
que al mar siempre estuviste unida,
a partir de ese momento
nunca más te sentirás vacía.

-¿Quién eres? -preguntó la gota-,
que se empezaba a transparentar.
-¿No lo ves?, no soy nadie,
por eso puedo ser el mar.

NAGARI, El Círculo de la Vida

De pronto abres los ojos y un millón de formas desfilan frente a ellos. Luces, colores, aromas, no sabes nada acerca de esta realidad la cual contemplas como un maravillado espectador. Tampoco sabes tu nombre, tu sexo, tu descendencia, tu nacionalidad, ni siquiera sabes que existes, tan solo existes en perfecta unidad con la vida, con el mar de la vida.

Pero claro, no has venido aquí para solo existir. Y de pronto entorno a ese cuerpo que te fue dado, comienza a erigirse una identidad. Aprendes que tienes un nombre, un género, aprendes que eres un individuo al mismo tiempo que comienzas a percibir un mundo fuera de ti, compuesto de objetos, personas, y experiencias. Ha nacido la parte, se ha formado la gota.

¿Y qué es lo que ocurre cuando esta gota, cuando esta partícula que eres mira al mundo y al universo? Simple: toma consciencia de su tremenda inmensidad y por consiguiente de su propia y ridícula pequeñez. Lo que resulta muy gracioso y a la vez paradójico es que el miedo y la indefensión que surgen como producto de la separación intentará ser erradicado con más separación. Pues la pequeña gota que eres intentará crecer para fortalecerse y hacerle frente a la vida, sí, al mar de la vida.

Al comienzo había unidad, pero no tenías consciencia de ti mismo, en este punto hay consciencia de ti mismo, pero a costas del sentimiento de unidad y justamente aquí querido amigo, está la cuestión, uno de los más grandes aprendizajes de la vida: aprender a ser tú en unidad con el océano de la existencia.

Será por eso que el inmenso océano de la vida, con sus mil y un situaciones y seres, se encargará de recordarte una y otra vez que no importa cuánto crezcas, cuánto logres o cuánto tengas, es él y no tú quien tiene el control.

Y es que esa es su manera, su forma de llamarte, de seducirte: golpear a la gota, sacudirla y revolcarla para así recordarle que nos son reales las vallas que ha creado y entonces devolverla al hogar del que nunca estuvo separada, aunque esta vez con consciencia de la parte en el todo y del todo en la parte.

Existes en la vida y la vida existe en ti, descúbrelo por ti mismo y deja de luchar contra el mar.

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